Stalkeando 24/7
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Rumores, chismes, puterío, “Fulano dijo tal cosa de Mengano”, ¿realmente nos interesa tanto todo esto?, ¿por qué somos tan adictos al chisme? y mejor ni menciono lo que es la obsesión por estar pendientes 24/7 de lo que hacen o dejan de hacer los demás. Obvio, hay gente que no le interesa y vive su vida, pero suele ser aquel pobre diablo del que todo el mundo termina hablando mal o inventando historias porque él mismo no se gasta en contar las suyas (las que son reales, no las que dicen que rebanó a su hermanita menor en 356 rodajas y enterró el cuerpo en el sótano).
Como me intriga la humanidad y su comportamiento (el cual muchas veces es errático pero prefiero no juzgar o seré juzgada), simplemente me decidí a sacar a colación todas estas cosas que le terminan pudriendo la cabeza a uno. ¿De qué nos sirve hablar de los demás? y no solo hablar de los demás sino hablar de las cosas que hacen mal. Es como que la sociedad se la pasa mirando la paja en el ojo ajeno (sé que muchos pensaron mal, lo sé, los conozco!), pero nunca miramos lo que nosotros mismos hacemos, que es caldo de cultivo para otro rumor o puterío.
Una prueba fehaciente de esto que digo son, ni más ni menos que las redes sociales, pero no ellas en sí mismas sino su pésima… pésima utilización. Es obvio que es una idea más que inteligente crear un lugar en donde podes encontrarte con gente que hace mucho no ves, o conocer personas nuevas, o mantenerte en contacto con quienes están lejos, pero lo que no entiendo es, por ejemplo, a esas personas que tienen en amigos a gente que no saludan por la calle y entran constantemente a su muro para decir “ja! su vida apesta”, o stalkear a algún ex, o ver qué tan fea se puso una compañera del colegio, o a ver quién tuvo hijos, o quién está en la cárcel (si, creo que pueden usar facebook o actualizar el twitter: @presorandom “Se me cayó el jabón, LOL!”) o un sin fin de ejemplos prácticos.
Juzgamos todo el tiempo a los otros por lo que hacen y dejan de hacer, pero no nos detenemos ni un segundo a pensar que así como nosotros gastamos nuestra valiosa energía en apuntar a los demás, lo mismo están haciendo con nosotros, incluso conmigo mientras leen el post, capaz piensan “maldita zorra engreída” pero al ser blogger es un riesgo que me gusta correr.
Queridos niños, es tiempo de que dejemos de pensar y esperar cual lobos hambrientos que caiga alguna presa débil a nuestro caldero de chimentos y empecemos a preocuparnos por las cosas que realmente valen la pena, o que por lo menos seamos un poco más disimulados o sepamos repartir equitativamente el tiempo que gastamos en los demás y en nosotros mismos ¿quién nos dice? quizás así nos demos cuenta que es mucho más provechoso meter nuestras narizotas en nuestros propios asuntos y dejar que los demás se despedacen solos.
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Es simple, eso le pasa a la gente que legitima su existencia a través de lo que los demás piensan, dicen y por ende aprueban.
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Yo creo que hay una delgada línea que se cruza muy seguido entre simplemente querer saber de los otros y enterarse de cosas, y ya pasar a empezar a obsesionarse, o inventar realidades alternativas por una cuestión de llenarse de la vida de los otros y sus hechos, aún cuando la misma persona afirme que no le importa con frases como “que se curta” y en realidad su vida gira en torno a toda gente ajena (revisando sus cosas constantemente) y no a cosas más relevante en la única vida que tenemos.
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